Del llamado de la montaña al calor del hogar
Mi historia con el Temazcal
Ingrid Fuentes
11/20/20251 min read


Todo comenzó después de un fin de semana mágico en la montaña de Shasta. Un colega me invitó a un "temazcal" y, aunque no estaba segura de qué se trataba, mi corazón sintió un llamado inmediato. Sin pensarlo dos veces, condujimos hasta Ashland.
Recuerdo llegar bajo la lluvia del invierno; el ambiente ya sonaba a vapor y me emocionó encontrar una comunidad tan bella esperándonos. Nos preparamos para cerrar el domo, hecho de telas, mientras las piedras calientes anunciaban un momento que marcaría mi vida para siempre. Al entrar, supe que sería un renacimiento.
Éramos ocho personas entrando de rodillas, con la intención profunda de regresar al vientre materno. Una vez dentro, las piedras soltaron ese vapor medicina que rejuveneció mi mente, cuerpo y espíritu. Cantamos canciones que tocaban el alma y, al salir, supe que debía volver a vivirlo.
Esa búsqueda me trajo hasta aquí, a Carolina del Norte, con Marcela.
Su hospitalidad y amor al servicio me regalaron una experiencia que sigue teniendo efectos en mí hasta el día de hoy. Con Marcela, mi mente se vació y mi cuerpo se llenó de vida nuevamente. Ella y su esposo Marcelo dirigen este Temazcal como un proyecto familiar genuino, un espacio lleno de amor que cura desde adentro.
La experiencia fue completa: nos consintieron con una mascarilla exfoliante, un té reconfortante y una comida deliciosa al final. Pero lo que más me sorprendió fue el precio. Ahí entendí que el valor es mucho más simbólico que monetario; ellos hacen esto desde el Alma para sanar a sus hermanos.
Les invito de corazón a venir y vivirlo. Les aseguro que su vida será impactada positivamente en cada instante, dentro y fuera del domo.
Gracias, Marcela y Marcelo, por tanta luz.
